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¿Si no termino lo que empecé se puede cortar la bendición de Dios?

Fecha del Post: 12 octubre, 2025

Esta es una pregunta que muchos de nosotros nos hemos hecho en algún momento. Empezamos con gran entusiasmo un proyecto, un estudio o una promesa, y a mitad de camino, por una u otra razón, el ímpetu se desvanece y lo dejamos inconcluso.

Nos queda la duda y, a veces, un sentimiento de culpa: ¿hemos defraudado a Dios? ¿Se ha retirado su bendición por no haber sido perseverantes? La respuesta, tanto desde la fe como desde la ciencia, es más compleja y, al mismo tiempo, más esperanzadora de lo que podríamos pensar.


La Lógica de la Fidelidad

La Biblia nos enseña que la bendición de Dios no es una recompensa automática por terminar una tarea, sino que está ligada a nuestra y a la disposición de nuestro corazón. Un pasaje clave es la Parábola de los Talentos en el Evangelio de Mateo (25, 14-30). En esta historia, un señor entrega a sus siervos diferentes cantidades de dinero, según la capacidad de cada uno, para que las administren. Los dos primeros siervos, que recibieron cinco y dos talentos, respectivamente, los hicieron producir y los duplicaron. El señor, al regresar, los felicitó con las mismas palabras: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.

¿Qué nos enseña esto? Que la fidelidad no está en la cantidad del fruto, sino en el esfuerzo y la intención de hacer fructificar lo que se nos ha dado. El tercer siervo, que enterró el único talento que recibió por miedo, no fue reprendido por la falta de un resultado tangible, sino por su inacción y su falta de fidelidad a la encomienda. Su bendición no se “cortó”; simplemente no se manifestó porque él mismo no se dispuso a trabajar con lo que tenía.

La bendición de Dios es una fuente inagotable, no una llave que se abre y se cierra con nuestros errores. Como dice la Carta a los Romanos (8, 38-39): “Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potencias, ni la altura ni la profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Si ni siquiera lo más terrible puede separarnos de Su amor, ¿cómo podría una tarea inconclusa hacerlo? La bendición permanece; lo que puede variar es nuestra capacidad para percibirla y recibirla, la cual a menudo depende de nuestra disposición y perseverancia.


El Rol de la Motivación y la Neuroplasticidad

Desde el punto de vista de la psicología y la neurociencia, la sensación de fracaso o la incapacidad para terminar algo se relaciona con ciclos de motivación y el funcionamiento de nuestro cerebro.

Cuando comenzamos un proyecto nuevo, nuestro cerebro libera dopamina, un neurotransmisor asociado con la recompensa y el placer. Esta “inyección” de dopamina nos da el subidón inicial de energía y entusiasmo. Sin embargo, a medida que el proyecto se vuelve más rutinario o encontramos obstáculos, la liberación de dopamina disminuye y el esfuerzo percibido aumenta. Es en este punto cuando muchos proyectos se abandonan.

¿Qué dice la ciencia sobre esto? Que la clave no está en la fuerza de voluntad bruta, sino en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida. Cuando nos enfrentamos a un desafío y persistimos, incluso si no lo terminamos, estamos entrenando a nuestro cerebro a ser más resiliente. Cada pequeño paso que damos, cada intento por retomar el camino, está fortaleciendo las redes neuronales que nos permiten enfrentar la frustración y mantenernos motivados a largo plazo.

Por ejemplo, imagina que empiezas a estudiar un nuevo idioma. Al principio, el progreso es emocionante, pero después de un tiempo, los conceptos se vuelven más difíciles y te sientes estancado. Decides dejarlo. ¿Significa esto que todo el esfuerzo fue en vano? No. La ciencia nos dice que las conexiones neuronales que formaste al aprender las primeras palabras y reglas gramaticales no desaparecen. Tu cerebro ya ha sido “moldeado” por esa experiencia, haciéndote más apto para aprender algo nuevo en el futuro.

De la misma manera, el acto de comenzar algo y ponerle esfuerzo, aunque no lo termines, ya es en sí mismo una bendición. Has ganado experiencia, has desarrollado nuevas habilidades y has fortalecido tu capacidad de enfrentar desafíos.


Fe y Ciencia se Encuentran en el Camino

La fe nos enseña que la bendición de Dios no es condicional a nuestros resultados perfectos, sino a nuestra fidelidad en el intento. Dios valora el corazón dispuesto y el esfuerzo, no el éxito medible. La ciencia nos lo confirma al mostrar que cada intento, cada paso que damos, incluso si no llegamos a la meta, tiene un impacto positivo y duradero en nuestra mente y nuestro espíritu.

Así que, si dejaste algo a medias, no te culpes. En lugar de pensar que la bendición se “cortó”, mira hacia atrás y reconoce el valor de tu esfuerzo. Pide a Dios la sabiduría para entender por qué no pudiste continuar y la fuerza para retomar el camino, o para comenzar uno nuevo. Porque la bendición de Dios no es una meta a alcanzar, sino la fuerza que nos acompaña en cada paso del camino, incluso si este no es perfecto. Como nos dice el Salmo 37:23-24: “Por Yahveh son los pasos del hombre afirmados; Él se complace en su camino. Aunque caiga, no quedará postrado, porque Yahveh le tiene de la mano”.

La próxima vez que sientas que no puedes terminar algo, recuerda que Dios no se ha apartado. Él sigue allí, sosteniéndote, y el acto de intentar ya es en sí mismo una muestra de fe y un camino hacia un crecimiento que va más allá de cualquier resultado final.

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Acerca de Ricardo

"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."

Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.