“Si Dios Quiere”: ¿Una Contradicción para el Libre Albedrío?

El dicho popular “Si Dios quiere” es una expresión que muchas personas usan para reconocer que el futuro no está completamente en nuestras manos. Se pronuncia antes de un viaje, un examen o una decisión importante, como un acto de humildad y dependencia de la voluntad divina. Sin embargo, para algunos, esta frase parece chocar frontalmente con otro pilar de nuestra fe: el libre albedrío.
Si somos libres de tomar nuestras propias decisiones, ¿cómo puede Dios querer que suceda algo en particular? ¿No anularía eso nuestra libertad? Analicemos esta aparente contradicción desde la óptica de la fe y la ciencia.
La Voluntad de Dios vs. la Libertad Humana
En la Biblia, encontramos pasajes que parecen dar apoyo a ambas ideas. Por un lado, vemos a Dios como el soberano absoluto que tiene un plan para toda la creación. El Salmo 33, 11 nos dice: “El plan del Señor subsiste para siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad.” Esta visión de un Dios que tiene un propósito firme y eterno para la historia de la humanidad podría llevarnos a pensar que nuestras elecciones son, en última instancia, parte de ese diseño mayor.
Por otro lado, la Escritura está repleta de mandatos y exhortaciones que solo tienen sentido si somos libres para elegir. En el Deuteronomio, Moisés le dice al pueblo de Israel: “Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30, 19). Este pasaje no tendría sentido si nuestra elección ya estuviera predeterminada. La capacidad de escoger es un don de Dios, una muestra de que fuimos creados a su imagen y semejanza.
Entonces, ¿cómo podemos reconciliar la voluntad de un Dios soberano con la libertad que Él mismo nos ha dado?
El Cerebro y la Decisión
La neurociencia, en su intento por comprender el libre albedrío, nos ofrece una analogía interesante. Cuando el cerebro toma una decisión, no lo hace en un vacío. Factores genéticos, experiencias pasadas y el entorno influyen en la forma en que pensamos y actuamos. Sin embargo, los estudios no han logrado encontrar una “cadena de causalidad” perfecta que anule por completo la capacidad de la persona para tomar una decisión consciente.
Un concepto relevante es la plasticidad cerebral, que es la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizarse. Esto significa que, aunque nuestras experiencias y hábitos pasados nos predisponen a ciertos comportamientos, no nos determinan por completo. Podemos aprender, cambiar de opinión y tomar decisiones que van en contra de nuestras tendencias más arraigadas.
Podríamos pensar en la voluntad de Dios de una manera similar. Su plan no es un guion inamovible, sino un marco dentro del cual se desarrolla nuestra libertad. Es como un arquitecto que diseña los cimientos y la estructura principal de una casa, pero nos deja a nosotros la libertad de elegir los colores de las paredes, la decoración y la distribución de los muebles. El resultado final seguirá siendo parte del diseño del arquitecto, pero reflejará nuestras elecciones personales.
La Voluntad Permisiva de Dios
La frase “Si Dios quiere” no debe entenderse como la expresión de un Dios que manipula cada una de nuestras acciones, sino como un reconocimiento de dos verdades fundamentales:
- Nuestra dependencia de Dios: Al decir “Si Dios quiere”, reconocemos nuestra humildad. Sabemos que no tenemos el control total. La vida está llena de variables que escapan a nuestra voluntad. Esta frase es un recordatorio de que necesitamos la gracia y la providencia de Dios para que nuestros planes prosperen. En la Carta de Santiago se nos enseña que es mejor decir: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4, 15).
- El Plan de Dios incluye nuestras decisiones: La voluntad de Dios no anula nuestro libre albedrío; lo integra. Su plan es tan grande que puede abrazar nuestras decisiones, incluso las que nos llevan a cometer errores. Dios no nos fuerza a elegir el bien, pero su plan de salvación es tan poderoso que puede sacar algo bueno incluso de las peores decisiones humanas. La muerte de Jesús en la cruz es el ejemplo máximo de cómo la voluntad soberana de Dios se entrelaza con las decisiones humanas (tanto las buenas como las malas) para cumplir su propósito de salvación.
La aparente contradicción entre “Si Dios quiere” y el libre albedrío desaparece cuando dejamos de ver a Dios como un titiritero que maneja cada uno de nuestros movimientos. En lugar de eso, la fe nos invita a verlo como el Creador que nos ha dado el don de la libertad para que, a través de nuestras decisiones, podamos colaborar con su plan de amor. Decir “Si Dios quiere” es, entonces, un acto de fe. Es un reconocimiento de que, aunque somos libres para tomar nuestras propias decisiones, la verdadera paz y el mayor bien se encuentran cuando alineamos nuestra voluntad con la suya.
Acerca de Ricardo
"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."
Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.