Logo Cristo-Ciencia

Cristo-Ciencia

Un Encuentro Con Cristo y la Ciencia, donde se unen de manera unica…

El servicio como reflejo de Cristo

Fecha del Post: 15 octubre, 2025

El Dios que se hizo Siervo: La Raíz de Nuestra Vocación

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, a menudo en el mundo se glorifica el poder, el dominio y el ser servido. Buscamos ascender, destacar y que otros reconozcan nuestros méritos. Sin embargo, cuando abrimos el corazón y la mente a la Sagrada Escritura, encontramos que la esencia de la vida cristiana y el camino hacia la verdadera grandeza están radicalmente invertidos. El centro de todo, nuestro Señor Jesucristo, vino al mundo para despojarse de la gloria y asumir la forma más humilde: la de siervo.

El apóstol Pablo nos lo recuerda con una claridad asombrosa en su carta a los Filipenses, un texto fundamental para comprender la persona de Cristo:

“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y mostrándose exteriormente como hombre. Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.” (Filipenses 2, 5-8)

Aquí reside la paradoja más grande y bella de nuestra fe: el Creador se hace criatura, el Todopoderoso se hace dependiente, el Rey de reyes se hace esclavo (la palabra griega original, doulos, implica esclavo o siervo). Él, que por naturaleza es Dios, no se aferró a su divinidad como a un derecho para ser reverenciado, sino que libre y voluntariamente eligió el camino de la humildad y el servicio. Este acto de despojo, esta kénosis, no fue una pose; fue el acto redentor que nos abrió las puertas de la salvación. En Cristo, el servicio no es una obra social cualquiera, es la manifestación de la misma naturaleza de Dios hecha visible para nuestra salvación. Él es el único Salvador, y su obra redentora comenzó y culminó en la entrega total y servicial de Sí mismo.

 

El Ejemplo Vivo del Maestro: “Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve”

Si deseamos saber cómo vivir de verdad, no tenemos más que mirar a nuestro Maestro. Su vida entera fue un servicio ininterrumpido. Desde su nacimiento humilde en un pesebre (Lucas 2, 7) hasta el último aliento en la Cruz, Jesús encarnó el servicio.

Imaginemos una escena cotidiana. Quizás estamos reunidos con nuestros amigos o compañeros de trabajo, y surge una discusión sobre quién debería ocupar un puesto de honor o a quién le toca realizar una tarea que consideramos “menor”. La tendencia humana es a evitar el esfuerzo y buscar el reconocimiento. Pero Jesús, al ver esta misma tendencia en sus apóstoles, les dio una enseñanza que sigue resonando hoy en nuestros oídos y corazones:

“El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero, que sea esclavo de todos. Porque tampoco el Hijo del hombre vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10, 43-45)

Este versículo es el cimiento de nuestra vocación de servicio. Es una afirmación poderosa de su obra redentora: vino a dar su vida en rescate, y el camino para ese rescate fue el servicio. Esto nos dice que el servicio cristiano no es un añadido opcional a la fe, sino el reflejo de la cruz en nuestra vida. Cuando nos inclinamos para servir a nuestro prójimo, aunque sea en las cosas pequeñas y “sin brillo”, estamos repitiendo el gesto de la Pasión.

El momento culminante de esta lección de humildad y servicio fue la Última Cena. Sabiendo que pronto regresaría a su Padre, Jesús realizó un gesto que quedó grabado para siempre en la conciencia de sus discípulos y en la historia de la Iglesia:

“Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura… Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, se sentó a la mesa y les dijo: ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si Yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado un ejemplo, para que lo que Yo hice con ustedes, ustedes también lo hagan.” (Juan 13, 5. 12-15)

El Hijo de Dios lavando los pies de sus siervos, realizando la tarea del esclavo de más bajo rango. Este acto de profunda humildad, este servicio tangible, se convirtió en la enseñanza central. Nos muestra que no hay servicio demasiado bajo ni persona demasiado insignificante. Al lavar esos pies, nos estaba lavando el alma y grabándonos un mandamiento ineludible: el amor se traduce en servicio práctico. Si el Señor lo hizo, ¿quiénes somos nosotros para negarnos?

 

El Servicio Cotidiano como Camino de Fe

¿Cómo se traduce esto en la vida real, en el ajetreo diario? El servicio no está reservado solo para grandes misiones. Se refleja en las interacciones más sencillas y a menudo olvidadas.

Pensemos en el día a día. Estamos cansados después de una larga jornada laboral. Llegamos a casa y vemos el desorden en la cocina o la necesidad de un familiar de que lo escuchemos. La voz interior nos incita a decir: “Que lo haga otro”, “Merezco descansar”, “Esto no me toca”. Pero es justo en ese instante que se nos presenta la oportunidad de reflejar a Cristo.

  • El servicio en el hogar: Es la paciencia con un hijo, el esfuerzo extra para preparar una comida nutritiva, el silencio ante una crítica injusta de nuestra pareja, el ofrecerse a ayudar a un anciano familiar a realizar una gestión. Son actos pequeños, invisibles para el mundo, pero preciosos a los ojos de Dios. “Si alguno no se preocupa de los suyos, sobre todo de los de su propia casa, ha renegado de la fe y es peor que un infiel” (1 Timoteo 5, 8). El servicio comienza en casa.
  • El servicio en la comunidad: Es ese momento en el supermercado donde le cedemos el paso a alguien con prisa, o cuando dedicamos tiempo a escuchar de verdad a un vecino que sufre, sin buscar soluciones rápidas, sino simplemente ofreciendo nuestra presencia. Es usar nuestros talentos y tiempo, que el Señor nos ha dado, no para nuestro propio engrandecimiento, sino para el bien de la comunidad (1 Pedro 4, 10). Si eres bueno cocinando, sirve en la pastoral de la caridad; si eres paciente, sirve como catequista; si eres un buen oyente, acompaña al que está solo.

En todas estas acciones, el corazón debe ser el de un siervo de Cristo, como nos enseña Pablo: “Cuando sirvan, háganlo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres” (Efesios 6, 7). Nuestro servicio no es para ganar el aplauso de los demás, sino para agradar a Aquel que nos amó primero.

 

El Servicio: Prueba de Amor y Fuente de Salvación

El servicio, visto a través de los ojos de Cristo, es la prueba de nuestro amor y un camino para la salvación que Él nos ofrece. En su enseñanza sobre el Juicio Final, Jesús no pregunta por nuestras grandes obras teológicas o nuestros altos cargos; pregunta por nuestro servicio a los más necesitados, identificándose con ellos de una manera estremecedora:

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me dieron alojamiento; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver… Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.” (Mateo 25, 35-36. 40)

En la persona del pobre, del sufriente, del que no tiene voz, está Cristo Mismo. Servir al prójimo es servir al Señor. Esta es la gran obra que complementa nuestra fe, pues la fe sin obras de servicio y amor está muerta (Santiago 2, 17). Jesucristo es el único Salvador y Señor, y Él nos salvó a través de su obra de servicio redentora en la cruz; por lo tanto, el camino para seguirle y permanecer en su gracia es abrazar ese mismo espíritu de servicio.

El servicio, hermanos, es el aire que respira el cristiano. Es la fragancia que deja la presencia de Cristo en nuestra vida. No se trata de cuántas horas servimos o cuán grande es la tarea, sino de cuánto amor ponemos en el servicio, de si nuestra actitud refleja la humildad de Aquel que siendo Dios se hizo carne para salvarnos a todos. Que cada acto de bondad, cada ayuda, cada palabra de aliento, sea un espejo que refleje la luz y el amor incondicional de Jesucristo, nuestro Único Señor.

Acerca de Cristo-Ciencia

Acerca de Ricardo

"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."

Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.