Logo Cristo-Ciencia

Cristo-Ciencia

Un Encuentro Con Cristo y la Ciencia, donde se unen de manera unica…

El Perdón, ¿una obligación o un regalo?

Fecha del Post: 12 octubre, 2025

El peso de la falta de perdón

En el corazón de cada persona, tarde o temprano, anida una herida. Alguien nos ha fallado, nos ha traicionado o nos ha herido profundamente. Esa herida, si no se sana, puede convertirse en una pesada cadena de resentimiento y amargura. Nos acostamos y nos levantamos pensando en lo que nos hicieron. Revivimos una y otra vez la injusticia, y ese veneno interior nos consume lentamente. ¿Te ha pasado alguna vez? Quizás te has sentido atado a un pasado doloroso, incapaz de seguir adelante porque el rencor te arrastra como una ancla.

El Evangelio nos habla claramente de la necesidad de perdonar. Jesús nos enseña en la oración del Padre Nuestro: “perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mateo 6, 12). Y en otro pasaje, cuando Pedro le pregunta cuántas veces debe perdonar a su hermano, Jesús responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18, 22). Estas palabras no son un simple consejo moral, sino una invitación a liberar nuestro corazón. Nos están mostrando un camino hacia la verdadera libertad.

Más allá de la obligación: un regalo para ti mismo

A primera vista, puede parecer que perdonar es un acto de bondad hacia el otro, hacia quien nos ha lastimado. Y sí, lo es. Pero en un nivel más profundo, el perdón es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. El resentimiento y el rencor no afectan tanto a la persona que nos ofendió como a nosotros mismos. Es como beber un veneno esperando que el otro se enferme.

Aquí es donde la ciencia ilumina este camino. La investigación en neurociencia y psicología ha demostrado que la falta de perdón está directamente relacionada con un aumento del estrés crónico. Cuando vivimos en un estado de resentimiento constante, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol, lo que puede llevar a problemas de salud como presión arterial alta, insomnio e incluso un debilitamiento de nuestro sistema inmunológico. El rencor no solo nos daña espiritualmente, sino que literalmente nos enferma.

En cambio, cuando practicamos el perdón, los estudios muestran que experimentamos una disminución en la actividad de la amígdala, la parte del cerebro asociada con las emociones negativas y el miedo. Esto nos permite reducir los niveles de estrés y ansiedad, mejorando nuestro bienestar general. El perdón es un acto de sanación, tanto para el alma como para el cuerpo.

Perdonar no es sinónimo de reconciliarse

Una de las mayores confusiones sobre el perdón es pensar que implica automáticamente una reconciliación. Mucha gente se resiste a perdonar porque teme que hacerlo signifique volver a exponerse al daño, a la misma persona o situación que les lastimó. Pero esto no es así. Perdonar es un acto interior, un proceso que tiene lugar en nuestro corazón. Reconciliarse, en cambio, es un acto relacional, que depende de ambas partes.

La Biblia nos ofrece ejemplos de este principio. Jesús perdonó a sus verdugos en la cruz, diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34). Pero no se reconcilió con ellos. El perdón fue un acto de amor y liberación personal en medio de un dolor inmenso, mientras que la reconciliación con sus opresores era imposible en ese momento.

En nuestra vida cotidiana, esto es crucial. Perdonar a un familiar que nos hirió profundamente no significa que debamos invitarlo de nuevo a nuestra vida si su presencia sigue siendo tóxica. Perdonar a una persona que nos traicionó no significa que debamos reconstruir la relación si esa persona no muestra arrepentimiento genuino o si su comportamiento no cambia. El perdón nos libera del peso de la ofensa, permitiéndonos cerrar el capítulo sin cargar con el resentimiento, pero nos deja libres para establecer límites sanos. Es una herramienta para protegernos, no para exponernos de nuevo al dolor.

Cómo empezar el camino del perdón

El perdón no es un evento mágico que ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso, un camino que requiere valentía y un corazón dispuesto. Aquí te damos algunos pasos que puedes seguir, inspirados tanto en la fe como en la ciencia:

  • la herida: No puedes perdonar lo que no reconoces. Acepta el dolor, la rabia o la tristeza que sientes. Nombra lo que te pasó y cómo te afectó. La psicología nos enseña que la aceptación es el primer paso para la sanación.
  • Ora y pide la gracia de perdonar: No podemos hacerlo solos. Pide a Dios la fuerza para perdonar. A veces, la ofensa es tan grande que solo la ayuda divina puede darnos el impulso necesario. Como dice el Apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Filipenses 4, 13).
  • Elige perdonar: El perdón es una decisión, no un sentimiento. No esperes a sentir ganas de perdonar, porque quizás nunca lleguen. Elige hacerlo, aunque te cueste. Con el tiempo, el sentimiento de paz vendrá después de la decisión.
  • Establece límites claros: Una vez que has perdonado, reflexiona sobre cómo puedes proteger tu corazón en el futuro. ¿Necesitas un tiempo alejado de esa persona? ¿Debes cambiar la forma en que te relacionas? La caridad nos llama a perdonar, pero la prudencia nos llama a protegernos.

En definitiva, perdonar no es un acto de debilidad, sino de inmensa fortaleza. Es un acto de amor propio y de obediencia a la Palabra. Al perdonar, no solo obedecemos a un mandato divino, sino que liberamos nuestro propio corazón de las cadenas que lo aprisionan. Es un camino que nos lleva a la paz interior, a la sanación y a una vida más plena, demostrando que la fe y la razón pueden guiar nuestros pasos en la búsqueda de la verdadera libertad.

Acerca de Cristo-Ciencia

Acerca de Ricardo

"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."

Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.