¿Cuál es la forma correcta: Jesús, Cristo o Jesucristo?

En el corazón de la fe cristiana se encuentra una figura central: Jesucristo. Su nombre, a menudo, se utiliza en diversas formas, lo que podría llevar a preguntarse: ¿cuál es la manera correcta de referirse a Él? ¿Es simplemente Jesús, o es Cristo, o la unión de ambos, Jesucristo? La respuesta no es una cuestión de corrección gramatical, sino de profundidad teológica. Cada una de estas denominaciones nos revela un aspecto fundamental de su identidad y de la obra que vino a realizar.
Comencemos con el nombre “Jesús”. Este es el nombre personal que le fue dado al nacer, como lo encontramos en Mateo 1:21: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” La palabra “Jesús” proviene del hebreo Yeshua, que significa “Jehová es salvación”. Este nombre en sí mismo encapsula su misión principal: la salvación. Cuando nos referimos a Él como “Jesús”, estamos reconociendo su humanidad, su existencia terrenal, y su propósito redentor. Pensémoslo de esta manera: al igual que nosotros tenemos un nombre propio que nos identifica como individuos, el nombre Jesús lo identifica como la persona histórica que caminó por la tierra de Israel, el carpintero de Nazaret que enseñó a las multitudes, sanó a los enfermos y se sacrificó en la cruz.
Sin embargo, el nombre solo no cuenta toda la historia. Aquí es donde entra el título “Cristo”. La palabra “Cristo” no es un apellido, como algunos podrían pensar, sino que es la traducción griega de la palabra hebrea Mesías, que significa “el Ungido”. En el Antiguo Testamento, los reyes y los sacerdotes eran ungidos con aceite para ser apartados para su propósito divino. Así que, cuando nos referimos a Jesús como “el Cristo”, estamos declarando que Él es el Mesías prometido, el rey ungido por Dios para reinar para siempre. El apóstol Pedro, en su confesión en Cesarea de Filipo, lo dejó claro en Mateo 16:16: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Esta confesión no fue solo un reconocimiento de su nombre, sino una declaración de su identidad y su papel en el plan de redención de Dios.
Ahora, cuando unimos estas dos palabras, “Jesús” y “Cristo”, obtenemos “Jesucristo”. Esta es la forma más completa de referirse a Él, y es la que encontramos con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento, especialmente en las cartas del apóstol Pablo. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:3, Pablo saluda a los hermanos diciendo: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.” ¿Qué significa esta unión? Significa que no solo estamos hablando de la persona histórica (Jesús), sino que también estamos reconociendo su verdadera identidad y su propósito (el Cristo, el Ungido de Dios). Al decir “Jesucristo”, estamos confesando nuestra fe en que ese hombre, Jesús, es el Mesías prometido. Es una declaración de que su humanidad y su divinidad están inseparablemente unidas.
Entonces, ¿cuál es la forma correcta? La respuesta es que todas son correctas, pero cada una de ellas tiene un matiz diferente que nos ayuda a profundizar en la persona y obra de nuestro Salvador. Podemos referirnos a Él como “Jesús” cuando queremos enfatizar su cercanía, su humanidad y su sacrificio personal por nosotros. Podemos usar el título “Cristo” para reconocer su autoridad, su divinidad y su papel como el Ungido de Dios. Pero cuando decimos “Jesucristo”, estamos haciendo una confesión de fe completa: que la persona que vivió, murió y resucitó es, en efecto, el Rey eterno y Salvador de la humanidad.
En nuestra vida cotidiana, esta distinción puede parecer un detalle menor, pero tiene un impacto profundo. Cuando oramos o hablamos de Él, al decir “Jesucristo”, estamos recordando que nuestro Salvador no es solo un maestro de moral, sino el Hijo de Dios que vino a cumplir las promesas de las Escrituras. Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Hebreos 13:8). La correcta comprensión de su nombre nos lleva a una adoración más profunda y a una fe más firme. Así que, aunque todas las formas son válidas, la riqueza de “Jesucristo” nos invita a reconocerlo plenamente: el Jesús que nos salva de nuestros pecados y el Cristo que reina por la eternidad.
Acerca de Ricardo
"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."
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