Logo Cristo-Ciencia

Cristo-Ciencia

Un Encuentro Con Cristo y la Ciencia, donde se unen de manera unica…

¿Por Qué la Espera Duele? La Perspectiva de Cristo ante la Oración Aparentemente No Escuchada

Fecha del Post: 23 octubre, 2025

Un Grito en la Noche: La Duda que Visita al Creyente

La vida cristiana es un camino de gozo inmenso, pero también de profundos desafíos. Uno de los más recurrentes y dolorosos es la sensación de que nuestras oraciones, nuestras súplicas más sentidas, se estrellan contra un techo de silencio. Clamamos por sanación, por una solución financiera, por la conversión de un ser querido, o simplemente por paz en medio de la tormenta, y la respuesta que anhelamos no llega con la urgencia que desearíamos. Surge, entonces, la punzante pregunta: ¿Por qué pareciera que a veces nuestras súplicas no son escuchadas?

Esta duda no es nueva; es tan antigua como la fe misma. Pero para nosotros, cristianos que hemos puesto nuestra vida bajo el señorío de Jesucristo, la respuesta no puede venir de la desesperanza o la resignación. Debe venir de Aquel que es la Palabra hecha carne, el único que nos ha revelado plenamente al Padre y nos ha enseñado a orar: Jesucristo, nuestro Señor.

 

La Enseñanza de Jesús: Perseverancia y Fe Inquebrantable

Nuestro Salvador no solo nos enseñó a orar con el “Padre Nuestro” (cfr. Mateo 6, 9-13), sino que también nos preparó para los momentos de aparente sequía espiritual. Él sabía que, por nuestra naturaleza humana, tendríamos la tentación de desfallecer. Por eso, en sus parábolas, enfatizó dos elementos cruciales: la perseverancia y la confianza absoluta en el amor de Dios.

Recordemos la impactante parábola del amigo inoportuno, narrada en el Evangelio de Lucas. El Señor Jesús nos dice: “Les digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Yo les digo: Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Lucas 11, 8-10).

El mensaje es claro: la insistencia, la “importunidad” (o persistencia audaz), es fundamental. Cristo no elogia la ceguera, sino la fe que se niega a rendirse. Cuando sentimos que la respuesta tarda, el Señor nos llama a redoblar el esfuerzo, a no tomar el silencio como un ‘no’ definitivo, sino como una prueba de nuestra constancia en la fe.

Otro ejemplo poderoso es la parábola del juez inicuo y la viuda. Jesús, con esta enseñanza, buscaba “mostrarles cómo debían orar siempre sin desfallecer” (Lucas 18, 1). La viuda no tenía poder ni influencia, solo su clamor incesante. El juez, que “no temía a Dios ni respetaba a los hombres”, finalmente la atendió “para que no siga viniendo a molestarme” (Lucas 18, 4-5). ¡Cuánto más nuestro Padre, infinitamente justo y bondadoso, atenderá a sus hijos elegidos que claman a Él día y noche! El Señor concluye: “¿Creen que Dios tardará en hacerles justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? Les digo que les hará justicia sin tardar” (Lucas 18, 7-8). La clave es seguir clamando.

 

El Corazón del Padre: Confianza en la Bondad de Dios

La preocupación de que Dios no nos escuche se desvanece cuando la confrontamos con la enseñanza central de Jesús sobre la naturaleza de nuestro Padre. Él nos ha revelado a un Dios de amor incondicional, que no nos daría una “serpiente” si le pedimos “pescado”, o un “escorpión” si le pedimos “huevo” (Lucas 11, 11-13).

La razón por la que “parece” que no somos escuchados no reside en la sordera o la desatención de Dios, sino en la inmensidad de su visión y su amor paternal que trasciende nuestra limitada comprensión.

Pensemos en un ejemplo práctico: un padre amoroso no le da a su hijo una golosina a la medianoche solo porque el niño la pide insistentemente. El niño solo ve el deseo inmediato; el padre ve la necesidad a largo plazo de una buena salud y disciplina. De la misma manera, el Padre, guiado por la sabiduría de su Hijo amado, puede demorar o modificar la respuesta a nuestra súplica por una razón que va más allá de nuestro horizonte.

Como dice el Apóstol Pablo, “Nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Romanos 8, 28). La respuesta de Dios siempre es el bien para nuestra alma, incluso si ese bien pasa por un camino que no era el que habíamos trazado.

 

La Obra de Cristo: El Silencio en el Huerto como Máximo Ejemplo de Confianza

Si buscamos la cúspide de la oración en medio del dolor y la aparente no-respuesta, debemos ir al Huerto de Getsemaní. Jesús mismo, en la noche de su traición, oró al Padre con una agonía que le hacía sudar sangre: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22, 42).

Jesús pidió, rogó, suplicó que, si era posible, el cáliz del sufrimiento fuera apartado. ¿Fue “escuchada” esa súplica en el sentido de que su deseo inmediato se cumpliera? No, el cáliz no fue apartado. Sin embargo, su oración fue la más poderosa y perfectamente escuchada. ¿Por qué?

  1. Porque fue una oración de entrega total: Jesús demostró que la meta de la oración no es manipular la voluntad de Dios para que se ajuste a la nuestra, sino alinear nuestra voluntad con la de Él. Esta es la obra redentora de Cristo: mostrarnos el camino de la obediencia confiada. Su aparente “no” fue el “Sí” a la Redención que nos salva.
  2. Porque obtuvo la Gracia necesaria: Dice la Escritura que “se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba” (Lucas 22, 43). Dios no quitó la cruz, pero le dio la fuerza para cargarla. A veces, la respuesta a nuestra súplica no es la desaparición del problema, sino la infusión de la gracia de Cristo para superarlo y crecer en el proceso.

El silencio de Dios es a menudo un espacio para que nuestra fe se purifique y se centre únicamente en Cristo. Nos enseña a no amar el regalo (la respuesta inmediata) más que al Dador (el Señor Jesús). Nos obliga a confiar en que Su plan es siempre perfecto, pues Él es “el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13, 8), y su amor es inmutable.

 

El Papel de Cristo: Nuestro Único Intercesor y Salvador

La seguridad de que somos escuchados radica en que tenemos un Mediador perfecto, Jesucristo. Él no solo nos enseñó a orar, sino que ahora, como “único Salvador y Señor”, está a la derecha del Padre “intercediendo por nosotros” (Romanos 8, 34).

Cuando elevamos una súplica a Dios, lo hacemos siempre en Su nombre y por Sus méritos. “Todo lo que pidan al Padre, se lo dará en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa” (Juan 16, 23-24). Esto significa que la eficacia de nuestra oración no depende de la elocuencia o de nuestra propia santidad, sino de la mediación perfecta de Cristo Jesús.

Si la respuesta no llega como esperamos, no dudemos del amor de Aquel que “se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios” (Efesios 5, 2). En lugar de enfocarnos en el problema, centremos nuestra mirada en el rostro de Cristo crucificado y resucitado. Él es la prueba definitiva de que Dios se preocupa y actúa en nuestro favor.

 

El Centro de la Esperanza

Estimado lector, si te encuentras en un momento donde tus súplicas parecen no ser escuchadas, recuerda siempre la voz de tu Señor. Él es el Camino que te guía a través de la confusión, la Verdad que te revela el propósito divino incluso en la demora, y la Vida que te sostiene en la espera.

La aparente falta de respuesta no es un rechazo; es una invitación a la espera activa, una oportunidad para profundizar nuestra dependencia en el Señor Jesús. Es un llamado a confiar en que Aquel que nos amó hasta el extremo de la Cruz y resucitó victorioso tiene el control absoluto de nuestra vida.

Persevera en la oración. No te canses de llamar a la puerta del corazón del Padre, pues Él “les hará justicia sin tardar”. Y mientras esperas, ocúpate de crecer en el conocimiento de Cristo. Él es nuestra única fuente de salvación, el centro de nuestra fe y la garantía de que, aun en el silencio, Su plan de amor para ti se está cumpliendo. Que Su paz y Su gracia te sostengan hoy y siempre.

Acerca de Cristo-Ciencia

Acerca de Ricardo

"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."

Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.