¿Cómo puedo estar seguro de que mi iglesia es la verdadera, frente a tantas que dicen serlo?

El Único Fundamento: La Piedra Angular que Sostiene Nuestra Fe
Vivimos en un mundo de muchas opciones, y la fe no es la excepción. Hoy en día, encontramos una gran cantidad de iglesias y denominaciones, cada una con su propia historia, doctrina y prácticas. Es natural que surja la pregunta: ¿cuál es la verdadera? Esta inquietud puede generar confusión e inseguridad, especialmente para quienes buscan una base sólida para su fe. Sin embargo, la respuesta a esta pregunta no se encuentra en una institución humana, sino en la revelación divina de la Palabra de Dios.
La Biblia nos enseña que el fundamento de la verdadera fe no es una estructura terrenal, sino una persona divina: Jesucristo. El apóstol Pablo, en su primera carta a los Corintios, lo deja muy claro: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Esta es una verdad poderosa y liberadora. No tenemos que buscar la seguridad en un edificio, en una historia de siglos, o en un líder religioso. Nuestra certeza yace en Cristo mismo.
Imaginemos que vamos a construir una casa. Lo primero y más importante es asegurar un cimiento fuerte. Si el cimiento es de arena o es inestable, la casa, por muy hermosa que sea, se derrumbará ante la primera tormenta. De la misma manera, nuestra vida espiritual y nuestra fe necesitan un fundamento inquebrantable. Y ese fundamento es Jesucristo, el Hijo de Dios. Como creyentes, no estamos anclados a una denominación, sino a Él.
Pero, ¿qué dice la Biblia acerca de la iglesia de Cristo? En el Nuevo Testamento, la palabra “iglesia” (del griego ekklesía) se refiere a la asamblea o el cuerpo de los creyentes. No es un edificio ni una organización. Es el conjunto de personas que han sido llamadas por Dios a través del evangelio y que han puesto su fe en Jesucristo como su único y suficiente Salvador.
El Señor Jesús mismo declaró: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Aquí es donde a menudo surge una gran confusión. Algunos interpretan que Jesús estaba edificando su iglesia sobre Pedro como la primera “cabeza” de la iglesia. Sin embargo, una comprensión más profunda de las Escrituras nos muestra que la “roca” a la que se refiere Jesús no es la persona de Pedro, sino la confesión de fe que él acababa de hacer: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Es sobre esta verdad fundamental —que Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios— que se edifica la verdadera iglesia.
La iglesia, por lo tanto, no es una estructura jerárquica con una autoridad humana suprema. Es el “cuerpo de Cristo,” y Él es la cabeza. Pablo lo explica claramente en Efesios 5:23: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador”. La cabeza del cuerpo es quien dirige, da la vida y tiene toda la autoridad. Esa posición, en la verdadera iglesia, le pertenece única y exclusivamente a Jesucristo.
Entonces, ¿cómo podemos saber si una iglesia, sea cual sea su nombre, es parte de la verdadera iglesia de Cristo? La respuesta no se encuentra en el nombre que llevan, en su tamaño o en la antigüedad de su historia, sino en si Jesucristo es verdaderamente el centro de su fe, de su enseñanza y de su vida. Una iglesia que se fundamenta en la verdad de la Palabra de Dios, que exalta a Cristo como único Salvador y Señor, que enseña que la salvación es por gracia a través de la fe en Él y no por obras (Efesios 2:8-9), esa es una iglesia que honra a Cristo.
La seguridad de nuestra salvación y la certeza de pertenecer a la verdadera “iglesia” no provienen de un ritual, un sacramento o de la membresía en una organización terrenal, sino del arrepentimiento de nuestros pecados y de la fe personal en Jesucristo. El apóstol Juan lo escribe en su primera carta: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11-12). Es tan simple y a la vez tan profundo. La vida eterna no se encuentra en una iglesia, sino en una persona: Jesucristo. Si tienes a Cristo, tienes la vida.
La clave para responder a la pregunta no es buscar la “iglesia verdadera” entre las denominaciones, sino asegurarte de que tu fe personal esté puesta en el fundamento correcto: Jesucristo. Busca una congregación que te ayude a crecer en el conocimiento de Él, que te guíe a través de la Biblia, que te anime a vivir una vida centrada en el evangelio y que no añada nada a la obra redentora de Cristo en la cruz.
La verdadera iglesia no es una organización. Es la suma de todos aquellos que, alrededor del mundo y a lo largo de la historia, han sido redimidos por la sangre de Cristo y le han aceptado como su Señor y Salvador. Al final del día, tu seguridad no depende de una institución humana, sino de la obra perfecta y terminada de Jesucristo en la cruz. Él es el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por Él (Juan 14:6). En Él, y solo en Él, encontramos la certeza que tanto anhelamos.
Acerca de Ricardo
"Donde la Fe y la Ciencia se encuentran para revelar la verdad del Creador."
Soy Ricardo, apasionado por la Palabra de Dios y por el conocimiento que nos brinda la ciencia. Creo firmemente que la Biblia y la ciencia no se oponen, sino que juntas nos ayudan a comprender mejor la vida, la creación y nuestro propósito en este mundo.